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Elogio de la mesa de disección

Elogio de la mesa de disección

"Bello como el encuentro fortuito, sobre una mesa de disección, de una máquina de coser y un paraguas." Lautréamont, Los Cantos de Maldoror (1869)

La evolución, lo sabemos desde Borradaile, insiste en la forma del cangrejo. Se aplana el caparazón, se recoge el abdomen y se adopta, no sin cierto fatalismo, la misma forma de siempre. La carcinización es el nombre científico con el que se conoce a este proceso de convergencia evolutiva. Lo probable, dado el tiempo suficiente, sucede.

Un modelo de lenguaje es una máquina de lo probable. Predice la palabra que sigue a partir de todas las palabras con las que fue entrenado y elige entre las más verosímiles. Pedile un relato de ciencia ficción y te va a devolver el promedio del género, su cangrejo. El modelo no se equivoca cuando converge. El cangrejo no es un bug, es un feature.

Llamé alguna vez desoficiación a lo que ocurre cuando la ejecución se abarata: el oficio se lateraliza y cualquiera puede obtener en segundos lo que antes necesitaba meses, o incluso años. Hay cangrejos por todos lados.

En internet, el sufijo maxxing se utiliza para referir a la optimización extrema de cualquier actividad. A los primos problemáticos del looksmaxxing, el proteinmaxxing y demás, propongo el weirdmaxxing: un proceso de optimización que no persigue ningún ideal externo, sino un repliegue absoluto sobre aquello que hace que vos seas vos. Maximizar la distancia entre vos y el promedio. Evitar, con uñas y dientes (¡y contra caparazones y pinzas!), convertirte en cangrejo.

El método para lograrlo es viejo y tiene mala prensa: la obsesión. La obsesión es todo aquello que vuelve, que rebota, que reverbera e insiste. Bajo el yugo de lo efímero, las obsesiones son la forma contemporánea de lo contracultural.

La figura de la mesa en Los Cantos de Maldoror es el espacio donde nace lo bello. A riesgo de sonar new age, sostengo que todos somos esa mesa, la superficie en la que se juntan cosas lejanas bajo la lógica de nuestras propias obsesiones.

La Biblioteca de Babel de Borges contiene todos los libros posibles, "todas las estructuras verbales, todas las variaciones que permiten los veinticinco símbolos ortográficos, pero no un solo disparate absoluto". El weirdmaxxing tal vez consista en la ilusión de aquel bibliotecario imaginado que dedica su vida a la tarea inútil de encontrar algún disparate.

Los modelos de lenguaje pueden pensarse como subsets de la Biblioteca de Babel borgiana. Un LLM tiene todos los objetos del mundo: máquinas de coser, paraguas e, indefectiblemente, mesas. Pero ninguna es exactamente tu mesa. Lo más cerca que puede estar de tu mesa es un reflejo que en la jerga de la inteligencia artificial se conoce como "la ventana de contexto", el espacio donde a fuerza de prompts se reorganizan las probabilidades de lo posible.

Ayer hice "Bald Tennis", un juego donde dos personajes definen un partido de tenis en un tie-break mientras vos controlás la pelada de un personaje en la tribuna para encandilarlos con el reflejo del sol. Podés mirar el partido entero sin intervenir y ver quién gana, podés arruinar algún punto, o podés arruinarlos todos. No ganás ni perdés, apenas modificás el outcome de una simulación. ¿Es un juego? No importa. Lo que sí sé es que no es un cangrejo.

Y ahí está lo único que la desoficiación no puede lateralizar. No el talento, ni la técnica, ni las grandes ideas: la mesa, la intersección caprichosa de tus obsesiones. Weirdmaxxear no es más que abrazarte con fuerza a tu mesa. Porque los cangrejos aparecen por todos lados. Pero las mesas, no.