“Dejo a los varios porvenires (no a todos) mi jardín de senderos que se bifurcan.” Jorge Luis Borges, El jardín de senderos que se bifurcan (1941)
Hacer algo siempre fue una forma de destruir mundos posibles. Cada decisión cerraba puertas. Elegías un tono, una mecánica, un final, y con cada elección desaparecían todas las versiones posibles de aquello que ya no ibas a hacer.
Eso cambió con la inteligencia artificial. Hoy volver a cualquier bifurcación del árbol es barato. Podés elegir otro camino, ver qué hay ahí, volver y tomar un tercero. En el cuento de Borges, Ts’ui Pên escribe una novela en la que el protagonista no elige entre alternativas sino que las toma todas a la vez. Hoy cualquiera puede ser Ts’ui Pên.
En Elogio de la mesa de disección hablé de la desoficiación, ese momento en que la ejecución se abarata y el oficio se lateraliza. También hablé del cangrejo: así como la evolución insiste en esa forma una y otra vez, un modelo de lenguaje tiende a converger hacia el promedio de lo que le pedís. La exploración horizontal es la consecuencia más seductora de la desoficiación. Pero hay que mirar con cuidado qué hay en cada rama. Cuando le pedís a un modelo diez variantes de una idea, te devuelve diez vecinos del promedio. Diez cangrejos ligeramente distintos. Explorar en horizontal con una máquina de lo probable es, casi siempre, recorrer el perímetro de la misma playa.
Cuando estábamos obligados a ir en una sola dirección pasaba otra cosa. La idea chocaba con algo, se trababa, aparecía una fricción y no terminaba de funcionar. Y como no había vuelta atrás, había que resolverlo desde adentro. Ahí nacían lo que llamo ideas de ajuste: ideas que sólo existen para sostener a otra, análogas al tutor que se le clava a un árbol joven para que crezca hacia donde uno quiere. Como un andamiaje.
Muchas veces el resultado se asemeja a una máquina de Rube Goldberg, una sucesión de parches y mecanismos que a simple vista parecen inverosímiles. Pero esa máquina funciona y llega lejos. Y nadie converge hacia una máquina de Rube Goldberg, no hay carcinización posible para algo que se construyó resolviendo problemas que sólo a vos se te ocurrió resolver.
Gourmet Zombie empezó hace años como una ficción ilustrada, Toufic, el zombie sibarita. ¿Zombie sibarita? ¿No existe una contradicción en los términos? ¿No comen los zombies cualquier cosa? La respuesta fue una cadena de ajustes. Toufic todavía no se convirtió del todo, y por eso conserva su paladar. ¡Es un mort vivant! Lo que come son humanos contagiados pero no convertidos, lo que llamamos trufas. Y cada plato bien hecho retrasa su conversión, así que cocinar se vuelve una apuesta por su humanidad. Todas estas ideas nacieron para sostener la premisa de un zombie sibarita. Este Halloween lanzamos Gourmet Zombie gratis en Steam.
Las ideas de ajuste son la obsesión trabajando adentro de la obra. Lo que vuelve, lo que insiste, lo que se niega a soltar una idea sólo porque hay fricción. Si la mesa de disección es el lugar donde se encuentran tus obsesiones, el tutor es lo que las obliga a crecer.
Ahí surge una tensión interesante. Cuando explorar es gratis, ese trabajo extra de ajuste se vuelve opcional. ¿Para qué forzar una idea que se resiste si podés generar otra que no lo haga? ¿Para qué construir un andamio si podés plantar al lado? El problema es que la idea que no se resiste suele ser la más probable. Cada vez que abandonás una rama difícil por una fácil, das un pasito más hacia el cangrejo.
Se puede seguir profundizando, claro. Pero lo que crece así no son árboles sino una hilera de brotes. Una concatenación: esto, y esto, y después esto otro. Cosas que se suman pero no se sostienen entre sí, yuxtapuestas. Plantas que no son robustas, sólo contiguas.
Y acá no se trata de renunciar al jardín. Sería absurdo tener todos los senderos a mano y negarse a caminarlos. Se trata de saber cuándo dejar de explorar y elegir alguno. Y una vez elegido, tratarlo como si no hubiera otro: sostenerlo, forzarlo, ponerle guías, dejar que se vuelva raro.
Weirdmaxxear no es solamente partir de un lugar extraño. Es un acto de resistencia cuando la cosa se pone difícil. Ahora que la inteligencia artificial nos permite ver el bosque, es hora de concentrarse en el árbol.
